Rumbo a la Antártida, la morada de los dioses

La tarde del zarpe el cielo adquirió unos tonos azulados que parecían espaciales. Son los días finales de enero y Punta Arenas, la ciudad más austral de Chile, se iba desvaneciendo en el horizonte. El buque que nos llevaría a nuestro destino atravesaba triunfante el Estrecho de Magallanes. Dos ballenas y un grupo de delfines nos acompañaron durante varios minutos, como si quisieran escoltarnos antes de llegar a los temidos dominios del Paso de Drake. 
 

A bordo, un grupo de 31 personas conformaba la XXII Expedición de Ecuador a la Antártida. Liderado por el comandante Julio Ortiz Melo y con el apoyo del comandante Juan Carlos Proaño, quien desde hace tres años está en la dirección del Instituto Antártico Ecuatoriano.
 

Allí iban oceanógrafos, ingenieros, químicos, arqueólogos, soldadores, chefs y el periodista que escribe estas líneas, con rumbo a la que sería una de las grandes aventuras de sus vidas. Respondían a dos grandes objetivos: realizar investigaciones científicas con fines pacíficos y construir la infraestructura del nuevo módulo de Mando y Control. Seguir leyendo...

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