22 de mayo – Día internacional de la diversidad biológica

 

En ocasión de la fecha de la aprobación del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD) en 1992, y considerando la importancia que conlleva educar y desarrollar  la conciencia pública para su aplicación, la Asamblea General de las Naciones Unidas resolvió proclamar al 22 de mayo como el “Día Internacional de la Biodiversidad Biológica”, con el ánimo de destacar su espíritu que es “la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos”. Hoy en día el acuerdo internacional es ratificado por 196 países alrededor del mundo incluido el Ecuador.

El valor de la naturaleza viva se ve reflejada en la diversidad de los seres que la componen, en todas sus escalas de tamaño y distribuidos en todos los ecosistemas y latitudes del planeta, en sus diferentes ambientes, en los diferentes tamaños y diseños taxonómicos que poseen, poblando el suelo y subsuelo, inmersos en medios acuosos y hasta en el aire, todos cumpliendo un rol específico para mantener el equilibrio en nuestro planeta; es así, que tratarlos en forma sostenible a fin de asegurar un entorno saludable para las siguientes generaciones es una obligación de todo Estado y ser humano.

A pesar de que aparentemente existe consciencia sobre el hecho que la diversidad biológica es un bien mundial de gran valor para las generaciones presentes y futuras, y apesar que la protección y restauración de los ecosistemas y el acceso a los servicios ecosistémicos son necesarios para erradicar el hambre y la pobreza extrema, el número de especies disminuye a un gran ritmo debido a la actividad  humana.

En la Antártida, debido al clima extremo existente y a suelos cubiertos de hielo y permafrost la presencia de vida se limita a las pocas especies que puedan adaptarse a unas condiciones tan duras (hongos, líquenes, musgos, entre otros). Sin embargo, es en el medio marino donde encontramos una gran riqueza de organismos, de hecho, los mares que rodean la Antártida esconden el ecosistema más productivo y, a la vez, más frágil del planeta. El mundo de los microbios antárticos es impresionante, por ejemplo, los sistemas de agua dulce de la Antártida poseen en realidad la mayor diversidad de bacteria y virus que en cualquier otro lugar estudiado.

En base a esta consideración, los diferentes tratados y convenios suscritos en torno a la Antártida, consideran la conservación y protección de su naturaleza y de su biodiversidad.  Encabezado por el Tratado Antártico (suscrito en 1959) que manifiesta entre sus artículos: “Los representantes de las Partes Contratantes…promoverán medidas relacionadas con la protección y conservación de los recursos vivos de la Antártida” ( Artículo IX f)); también está la Convención sobre las Medidas Convenidas para la Protección de Flora y Fauna Antártica (suscrito en 1964), donde se designó  a la Antártida como una “Zona Especial de Conservación”, se establecieron “Especies protegidas”, y “Zonas Especialmente Protegidas “, entre otras; otra herramienta legal es la Convención sobre Conservación de Focas Antárticas (suscrito en 1972), aplicada a elefantes marinos, leopardos marinos, focas y lobos marinos; la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos –CCRVMA (suscrito en 1980), aplicada a la conservación de peces, moluscos, crustáceos y demás especies de organismos vivos incluidas las aves; y  finalmente el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Suscrito en 1991), que manifiesta que “las partes se comprometen  a la protección global del medio ambiente antártico y los ecosistemas dependientes y asociados y, …designan a la Antártida como reserva natural…” (Artículo 2), y dispone  “Se establece el Comité para la Protección del Medio Ambiente” (Artículo 11), con el fin de asesorar y formular recomendaciones  en relación a la aplicación del Protocolo.

En el contexto legal y sistémico del párrafo anterior, le corresponde al Ecuador, como a otras decenas más de países involucrados, centrar sus acciones durante las diferentes expediciones al continente austral, y cumplir con las directrices que garanticen que sus actividades, de cualquier índole, se articulan con medidas de protección del medio ambiente antártico y de los ecosistemas dependientes y asociados.

En 30 años de presencia ecuatoriana en el continente blanco, el país ha ejecutado algunos proyectos, que han impulsado la generación del conocimiento de la biodiversidad marina austral, organismos planctónicos, bentos marinos, aves marinas, y microorganismos marinos y terrestres; además, se han efectuado investigaciones que contribuyen a la protección de la biota antártica, como es el caso de la detección de posibles contaminantes químicos en mar y tierra; se ha trabajado en la formulación de directrices para la recuperación de la cobertura vegetal en zonas turísticas, y especialmente en la generación del Plan de Manejo Ambiental para la operación de la Estación Maldonado, teniendo como línea base los estudios de impacto ambiental realizados.

En las inmediaciones de la Estación Ecuatoriana, se ha podido caracterizar durante el periodo del verano austral (diciembre-marzo),  especies de flora terrestre que corresponden a musgos, líquenes y algas, así como un promedio de 24 especies  de organismos fitoplanctónicos en mar.  Dentro de las aves se ha determinado la presencia de diez especies como son: la gaviota dominicana, el gaviotín antártico, la skúa antártica, la skúa polar, el petrel antártico gigante, el pingüino barbijo, entre otras. Con relación a los mamíferos marinos, los avistamientos realizados, en las áreas de influencia de la Estación, indican la presencia de elefantes marinos, focas de  Weddel, ballenas jorobada, focas leopardo, y más.                       

Los seres vegetales y animales, macro organismos, microorganismos y hasta nano-organismos, juegan un rol esencial  para el bienestar y subsistencia de los seres humanos; la diversidad biológica constituye un bien mundial que se debe proteger, y renovar. En este sentido la Armada del Ecuador a través del Instituto Antártico efectúa todos los esfuerzos científicos, técnicos y logísticos en los confines de la tierra, colaborando con este propósito mundial de mantener a la Antártida como reserva de la Humanidad.

“Mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor” (Albert Einsten)

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